Vieron
una jarra? De vidrio, o plástico, juguera? Bueno, denla vuelta. Hay muchachos cuyas cabezas parecen
una jarra, dadas las geométricas formas a las que su grosera nariz las somete.
Una gran manija es su nariz, porque son deformes. Entonces, sus amigos se
dan cuenta de lo obvio, y un día los apodan Jarra. Esto trae aparejado un gran daño a
la autoestima del susodicho, ya que ¡no te pueden apodar Jarra (imaginate que te guste
una chica y que, pese a tu nariz enorme, por alguna extraña razón esté dispuesta a darte bola: no lo hará si sabe que te dicen Jarra)!
Con el correr de los días,
la personalidad del apodado es afectada de
tal forma que pronto
la Jarra se apodera de él, y lo convierte en un chiste. Generando así miles de apodos derivados de nuevos aspectos (o viejos, que anteriormente pasaban despapercibidos) de su patético ser. Una vez alcanzada esa situación, Jarra se suicida o se opera
la nariz al cumplir
la mayoría de edad, y se muda para siempre del pueblo iniciando una nueva vida.
"
Che, miren, ahí llegó Jarra. Servime jugo, Jarra! (*con
su mano sitúa un imaginario vaso bajo
la nariz de Jarra*)"